[EDITORIAL]
Al final resulta que era facilísimo. La culpa de la sangría migratoria que viene sufriendo Uruguay desde hace décadas, y que sigue saludable en pleno año 3 de la Era Progresista, la tienen los propios emigrantes. Claro, con la responsabilidad solidaria de los pérfidos gobiernos del "Norte", que con sus sueldos exagerados, sus absurdas tasas de desempleo, y su desfachatado consumismo, encantan cual sirena homérica a los jóvenes de nuestro país. Esta es la asombrosa visión que un jerarca de la cancillería presentó hace unos días ante la prensa.
Entre otros conceptos, el funcionario señaló que la gente no sabe valorar correctamente "el hecho de vivir en el país al que uno pertenece", reclamó construir "una mística de país", donde se realce "otra idea de sociedad, medio ambiente y las relaciones interpersonales". Concluyó su análisis diciendo que "si la sociedad tiene como modelo de referencia el proyecto de consumo desenfrenado de los países del Norte, será un tema de perseguir a la sombra".
Estas palabras surgen en momentos en que se informa que en el 2007, y pese a la reactivación económica, se fueron del país más de 16.000 uruguayos, lo cual es un indudable mazazo para un gobierno que siempre pregonó que con su arribo, llegaría la esperanza y los proyectos que pondrían fin a la terrible estampida migratoria que sufre nuestra sociedad.
Por encima de la palabrería colorida y las insólitas referencias al medio ambiente, lo que el funcionario quiere decir es que quienes se van, lo hacen porque su única prioridad es la plata, y que no aprecian el estar en su barrio, a los amigos, la tranquilidad del "paisito", y toda esa típica parafernalia de lugares comunes.
Esto no es novedad, sino que parece ser una teoría concurrente en el gobierno. Cuando al director del INAU se le reclamó por el desastroso balance de su gestión, ensayó una explicación similar: la culpa la tiene la mentalidad neoliberal inculcada en los jóvenes, que no entienden de solidaridad, y sólo buscan el bienestar material inmediato. Mujica dice cosas parecidas a diario.
Ahora bien, lo que estos dirigentes ven como "consumismo", para otros es voluntad de progreso. La gente que se va, lo que busca es la posibilidad de llevar una vida mejor. No Ferraris y mansiones, sino simplemente no tener que estar haciendo cola por un puesto público, poder avanzar en su carrera, y ser valorizado y remunerado adecuadamente. Esa es la gente que hace avanzar a los países.
Y si no basta ver cuál es el perfil del emigrante uruguayo. No es como en otras partes de América, el hombre que deja mujer e hijos, para trabajar en alguna plantación de EE.UU. y después enviar remesas a su país. Acá se van los jóvenes más preparados, los que tienen pujanza y espíritu emprendedor, los que se han sacrificado estudiando y trabajando, y quieren un reconocimiento y estabilidad económica ya, a los 30 a los 40 años, no a la edad en la que en el resto del mundo se jubila, como es la norma en Uruguay.
Y lo que es más importante, los que se sienten agobiados por la mediocridad, la grisitud y la gerontocracia que ha tomado el país, todo lo cual se ha visto dramáticamente profundizado desde la llegada de este gobierno, que parece seguir teniendo como paradigma de juventud la de los años sesenta.
Que el fenómeno migratorio es estructural es verdad, que muchos jóvenes preparados se van a seguir yendo por mejor que le vaya al país, también. En la aldea global de hoy, Uruguay sufre lo mismo que en su tiempo sufrieron los pueblos del interior, que debían ver cómo sus jóvenes más preparados emigraban a la capital a probarse a sí mismos. Pero que un jerarca público diga estas cosas, es más parecido a una justificación de la impotencia y del fracaso, que otra cosa.
EXTRAÍDO DEL PAÍS DIGITAL
Montevideo Uruguay
24 - Enero - 2008
Tan solo un agregado más. ¿Se ha preguntado por qué el país está cada vez peor? Pues la respuesta es tan simple como obvia. Por lo que dice el editorial de "El País": los mejores se están yendo o peor aún, ya se han ido. ¿Quien les puede culpar? ¡Festejen uruguayos!
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