viernes, 29 de mayo de 2009

¿El sueño uruguayo? Por Oscar Caviglia

¿El sueño uruguayo?
Por Oscar Caviglia

7 Mayo 2009 Primero fue la Intendencia, después el BROU y el BPS. También se vio en ANTEL y hace unas semanas fue el turno del Poder Legislativo.

¿A qué me refiero?

A los llamados públicos hechos por estos organismos para seleccionar personal.

Todos estos casos fueron muy conocidos y difundidos a través de la prensa porque para ocupar los “pocos” cargos que se ofrecían, se postularon cientos de miles de uruguayos. En su enorme mayoría fueron jóvenes (entre 20 y 25 años), muchos de los cuales tenían empleo cuando, por ejemplo, decidieron que les interesaba ser funcionarios municipales.

Cuando el Poder Legislativo, hace 15 días, abrió las inscripciones para los interesados en ser auxiliares de la Cámara de Senadores, su página web (por donde se realizaban las inscripciones) colapsó y estuvo 3 días bloqueada a raíz de la ola de interesados en servirle café a los legisladores.

La semana pasada se conoció una encuesta hecha entre personas que trabajan en empresas privadas y resultó que 6 de cada 10 dicen querer cambiar su actual empleo por uno en un organismo público.

Estos hechos dicen mucho de nosotros mismos, de nuestro País, de lo que nos motiva y a mi juicio explican muchos de los problemas que tenemos, pero más que nada nos dicen mucho de los días que vendrán.

El objetivo de esta nota no es caer en la crítica fácil al funcionario público, sino encontrar algunas de las causas de este fenómeno y analizar las consecuencias que tendrá.

Al mismo tiempo que en estos años nos enterábamos de estas cosas, hubo 300.000 compatriotas que decidieron abandonar el país, en su mayoría menores de 40 años, en su mayoría personas con secundaria completa y estudios terciaros en sus curriculums, que tenían trabajo cuando decidieron irse y en muchos casos con una familia conformada.

No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que tenemos un problema grande.

Nuestros mejores jóvenes no dudan en irse del País apenas se les presenta la oportunidad.

Los que quedan, se desesperan por un empleo público que les permita cumplir un horario con poca exigencia, sabiendo que tendrán asegurada su remuneración.

Con estas condiciones, estamos lejos de poder ser un País pujante, emprendedor, ambicioso, que pueda crear riqueza para sus habitantes, desarrollarse, crecer, etc. Más bien diría que están dadas las condiciones para todo lo contrario.

Hay otro asunto tan preocupante como el fenómeno descripto en estos párrafos: la sistemática tendencia que tenemos en echarle la culpa a otro cuando hay que encontrar las causas de nuestros problemas. El villano tiene muchas caras: el imperialismo, los gobiernos anteriores, las políticas neo liberales, los inconvenientes “términos de intercambio”, la escala reducida de nuestro País, la crisis argentina, la devaluación de Brasil, el precio del petróleo y la lista sigue. Siempre la culpa es de otro. Parecemos un perro persiguiéndose la cola.

Sin embargo, he decidido no rendirme. Elijo ser parte de la solución:

Yo tengo un sueño (perdón Martin).

Mi sueño es cambiar el sueño uruguayo.

Sueño con un País en el que quien quiera estudiar, pueda hacerlo, independientemente del barrio donde haya nacido.

Sueño con un País en el que quien quiera trabajar o formar una empresa, pueda hacerlo, sin tener que pensar que 1 de cada 3 pesos que gane se los tendrá que dar a la DGI.

Sueño con un País en el que se admire e imite a los exitosos.

Sueño con un País en el que la Educación Pública no sea una condena, sino una opción.

Sueño con un País en el que la Salud Pública no sea una condena, sino una opción.

Sueño con un País en el que se premie al que trabaja.

Sueño con un País unido, en el que no se divida a las personas en buenas y malas, de derecha o de izquierda, de Montevideo o del interior, funcionarios públicos o privados, de La Teja o Carrasco.

Sueño con un País que mire más el arco de enfrente que el propio.

Sueño con un País para quedarse.

Sueño un País para volver.

Sueño con un País para venir.

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