
Es improbable que la reunión del G-20 que comienza hoy consiga gran cosa. La crisis del crédito fue ocasionada por la política laxa y la burbuja financiera. Tuvo poco que ver con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio o cualquier otro de los órganos que el G-20 quiera reformar. Los líderes de la cumbre sólo perderán el tiempo en paraísos fiscales y el inevitable advenimiento del proteccionismo.
El bloque europeo parece más centrado en la nueva regulación del sistema financiero, mientras que USA pide estímulo económico a nivel mundial.
El tamaño de la agrupación también es absurdo. Un G-3 (Estados Unidos, China y la Unión Europea) podría tener una posibilidad de llegar a un acuerdo. Un grupo de 20 países ni siquiera se pondrá de acuerdo sobre qué comer al mediodía, así que mucho menos lo harán para mejorar la economía del mundo.
Con excepción de Obama, pocos de los líderes tienen autoridad para cambios en la manera en sus economías. Al publicitar que hay una solución global única a la crisis económica sólo empeoran el problema.
Angela Merkel, y Nicolas Sarkozy, exigieron que en la cumbre del G20 se tomen decisiones concretas y de amplio alcance.
Se necesitan "resultados que cambien el mundo", dijo Merkel. Sarkozy sostuvo que para Alemania y Francia la publicación de la lista de los paraísos fiscales no era negociable.
"Estimo que hay bastantes convergencias" entre los 20 países, dijo Obama en una conferencia de prensa con Gordon Brown en el Reino Unido.
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