Con un estilo oratorio pulido, el dominio de una retórica elocuente e inspiradora, la capacidad de despertar el entusiasmo de los votantes jóvenes y la sofisticada aplicación de Internet como herramienta de campaña, Obama se perfiló sin duda como un auténtico candidato del siglo XXI. En su campaña, puso de relieve dos temas predominantes: modificar el modo en que se han conducido tradicionalmente los asuntos del país en Washington y convocar a los estadounidenses, con sus diversas características ideológicas, sociales y raciales, a unirse para el bien común.
“No existe un Estados Unidos liberal y otro conservador: Estados Unidos de América es uno solo”, dijo Obama en su discurso en la Convención Nacional Demócrata de 2004. “No hay un Estados Unidos negro, otro blanco, otro latino y otro asiático: hay un solo Estados Unidos de América. ... Somos un solo pueblo, todos nosotros juramos lealtad a las Barras y las Estrellas, todos nosotros defendemos a Estados Unidos de América”.
El inspirado y pulido lenguaje de Obama en su discurso sobre la necesidad de superar las divisiones partidistas y su llamamiento a la adopción de una “política de esperanza”, en vez de una política de cinismo, hizo algo más que entusiasmar a los participantes en la Convención: lanzó a Obama al primer plano de la actualidad mediática, como un astro ascendente del Partido Demócrata. De allí pasó a ganar sin esfuerzo las elecciones al Senado en ese otoño, con un abrumador 70 por ciento del voto popular. Si bien la casi total desorganización de los republicanos aquel año en Illinois contribuyó indudablemente a ese margen arrollador, la victoria de Obama fue impresionante por su propio mérito, ya que ganó en 93 de los 102 condados del estado y los electores blancos votaron a su favor en proporción de más de 2 a 1.
La fama de Obama como un político distinto, capaz de superar las divisiones raciales tradicionales, fue en continuo aumento. En una semblanza de Obama publicada en la revista New Yorker, el escritor William Finnegan, tras señalar el talento de Obama para “deslizarse sutilmente en el lenguaje de su interlocutor”, dijo que Obama “se expresa con toda la gama del habla vernácula estadounidense”. Obama mismo explicó el porqué de su compenetración con los votantes blancos.
“Yo conozco a esta gente”, afirmó. “Son mis abuelos. … Sus modales, sus susceptibilidades, su sentido de lo que está bien y lo que está mal; todo eso me es totalmente familiar”.
En el Senado, Obama estableció un historial de voto en consonancia con la política del ala liberal del Partido Demócrata. Sus críticas a la guerra del Iraq han sido uno de sus sellos distintivos y se remontan a un discurso de 2002, incluso aun antes de estallar la guerra, cuando hizo la advertencia de que cualquier acción militar de esa índole “no se basaría en los principios, sino en la política”. También ha procurado fortalecer las normas éticas en el Congreso, mejorar la atención a los excombatientes y fomentar el uso de combustibles renovables.
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