15 DE FEBRERO DE 2008
Fractura peligrosa
Se comenta que sería un hecho, la escisión del Frente Amplio de sectores radicales -Movimiento 26 de Marzo, Corriente de Izquierda, quizá algún otro grupúsculo que forme parte del extremismo político- para conquistar la adhesión de los decepcionados del gobierno, que son muchos. De los que se sienten traicionados por el apartamiento de lo que llaman los principios tradicionales de la izquierda, cuya aplicación podría radiar sin remedio al país, del mundo civilizado primero, y moderno, después.
Es la gente que para resumirlo en pocas palabras, fomenta la lucha de clases, la violencia, el no pago de la deuda pública, el aislamiento nacional, divagues por el estilo, pero fundamentalmente, el odio entre los uruguayos y los habitantes del planeta que han entendido las reglas de juego de la convivencia en el mundo de hoy.
Si se llega a producir esta fractura, para ella hay dos lecturas. La primera es que la escisión no le conviene a la coalición. En las elecciones del 2004, consiguieron cuarenta y dos mil votos. No les dio para obtener un solo cargo de gobierno nacional y municipal -con lo que se sintieron libres de criticar sin límites y con particular dureza, la gestión de esta administración, a través de sus medios de prensa, CX 36 y el diario Juventud- diciendo cualquier disparate. Pero sin ese aporte nacional, el Frente no ganaba las elecciones en primera vuelta. Basta con hacer una operación de aritmética de Pedro Martí para asumirlo. Tampoco ganaba sin la mano de Kirchner a Tabaré Vázquez con el aporte de los "repatriados".
Y francamente, es difícil admitir, por lo menos por lo que va de la gestión de gobierno, que alguien que no haya votado a este gobierno en el 2004, lo vote en el 2009. No vemos ninguna razón para ello hoy, y difícilmente la veamos mañana. Otros piensan que el Frente necesita depurarse, sacarse de encima el lastre de estos retardados histórico políticos, de estos desordenados promotores de acciones callejeras que siempre terminan mal y son peor miradas por nuestra gente, que no los quiere ver ni en fotografía. O sea que en definitiva va a redundar en beneficio de las posibilidades electorales de una izquierda que sin su presencia se presentaría más limpia, menos contaminada.
Pensamos por nuestra parte, que en la medida que la gestión de gobierno no da para captar un voto adicional a los que tuvo en el 2004 -al contrario, la izquierda va a perder muchas adhesiones y si algo está claro, es que ni en sueños ganará en primera vuelta, lo que se refleja en el aspecto de pollitos mojados que muestran hoy sus dirigentes. Es mejor negocio para el oficialismo esforzarse por retener lo que a su alcance está y evitar las filtraciones de sufragios. Para eso, el medio podría ser darles alguna posición de gobierno no muy significativa, pero que al menos los comprometa.
Sin embargo, esta anunciada escisión es positiva, porque aporta mucho para un sinceramiento político del país. Esta gente ya no tiene cabida en la dialéctica nacional, en el quehacer político diario. Son, como decíamos, los que practican como método de acción la violencia, las destrucción en las calles, las pedreas a los comercios, los golpes a patadas a menores que caen al suelo. Son los que hacen campaña para sostener el sentido del rencor y del odio haciendo campaña para "anular" la ley de caducidad, un mecanismo jurídico que pondría colorado desde Kellsen hasta los estudiantes de primer año de derecho en secundaria. Son los PIT CNT, algunos grupejos que recolectan firmas, el hermano del Presidente de la República -un ex terrorista- desde su cargo de Prosecretario de la Presidencia. Y nadie sabe porqué ni para qué serviría ese mamarracho jurídico, equivalente a un intento de operación de apendicitis comenzando con la incisión por la nariz.
El Frente Amplio difícilmente gane las elecciones próximas, de manera que estas tensiones socio políticas van a ir palideciendo hasta desaparecer. Mujica dijo alguna vez, que para ello era necesario que se murieran todos los que participaron en los tiempos de la dictadura que trajeron los tupamaros. Quizá no sea tanto, y resulte suficiente con aislar social y políticamente a estos alborotados que quieren justificar su existencia con el recurso de atizar pasiones y deseos de venganza que el tiempo ya disipó, y dejar presente a quienes no hayan perdido la cordura.
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