En uno de sus actos en la recorrida "pueblo a pueblo", el Presidente de la República, consciente que la Constitución le prohíbe la actividad política, soslaya el mandato queriendo convencernos que este esfuerzo desesperado por levantar las acciones del Frente Amplio no se trata del ejercicio de "política partidaria", sino de una euforia prefabricada artificialmente, terminó haciendo afirmaciones temerarias sobre la verdadera situación del país."Estamos bien", dijo categóricamente luego de comunicar los números que demuestran algunos progresos en el aspecto social. Pero si por "políticas sociales" entiende el Presidente la disminución de índices de pobreza o de indigencia como consecuencia de planes puramente asistencialistas, se equivoca. En estos momentos, prácticamente no existe un economista en el país que no advierta sobre las consecuencias que puede ocasionar sobre la tasa de crecimiento del PBI un enfriamiento en la economía estadounidense u otros factores exógenos a nuestra peripecia. Además del riesgo de la inflación, que aún extraído con fórceps del vientre nacional en estos meses en que fue necesario dejar desvanecido el valor del dólar y tomar otras medidas extremas en la política banco centralista, duplicó las previsiones del gobierno para situarse sobre fines de año muy cerca de los dos dígitos.
El informe del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas que publicó El País y que fuera comentado por la directora del Área de Coyuntura de dicho Instituto Gabriela Mordecki, es lo suficientemente explícito en cuanto a que la competitividad del país habrá de continuar en caída en 2008, como consecuencia de la apreciación del peso experimentada durante el último cuatrimestre.
Pero pongámonos de acuerdo en el contenido de los términos. Quienes niegan la pérdida de competitividad de nuestras exportaciones, se basan en comparaciones de tipo de cambio relativo, y lo comparan con nuestros clientes, como Argentina, Brasil e incluso en la cúspide de la sinrazón, con Europa. También dicen que los aumentos de costos en dólares se deben a su depreciación en los últimos tiempos. Y no es así.
La competitividad no se mide atendiendo a los clientes, sino que debemos compararnos con nuestros competidores, lo cual parece escapar a la selección de índices a destacar que hacen los voceros oficiales. Tampoco es menor la incidencia de las preferencias que se pueden tener para el ingreso a determinado mercado. Así, si vendemos a Argentina, Brasil o México no es tanto por ser competitivos en el mundo, sino porque gozamos de esas preferencias.
Y lo más importante es que la competitividad varía con la eficiencia en relación directamente proporcional, y este es el factor sobre el que más trabajan los países desarrollados. A mayor eficiencia, mayor competitividad. Y en este aspecto Uruguay viene retrocediendo desde hace años, y el gobierno del Frente Amplio ha acelerado esa ineficiencia sistémica, recargando trámites burocráticos con la incorporación de funcionarios ineficientes y que no se necesitan. Así nos estamos separando rápidamente de la relación que importa en un mundo globalizado, en donde si se tiene baja eficiencia por una lentitud exasperante para liquidar las operaciones, tendrá que tenerse también un tipo de cambio bajo.
El castigo a la promesa del "Uruguay Productivo" se consuma pues, en severos términos. Y todo hace prever que seguiremos así, incumpliendo el mandato de la política social más relevante, que es el aumento de la eficiencia de nuestra producción. En otro orden, el Presidente se llenó la boca hablando maravillas de la reforma tributaria. Nunca pudo zafar de la prédica de su eslogan engañoso, porque no es cierto que paga más el que más tiene, sino el que más y mejor trabaja o trabajó, en el caso de los pasivos. Y se confundió cuando al referirse a la "bomba" de la que todos hablaban dijo que terminó siendo un "chisquibus" en lugar de "chasqui boom". Pero Vázquez no habló de la otra parte del problema, que es el aumento de la facturación en tarjetas de crédito. La gente se está endeudando, y especialmente en alimentación. Se endeuda para comer, no para gastar superfluamente.
No, Sr. Presidente, decir que "estamos bien" es como vivir en otra galaxia. Vamos por mal camino, lo sabemos todos. La duda es solamente para cuándo la explosión. ¿Cuando explote Argentina o esta vez con algo un poco más original?
Texto de DIARIO EL PAIS Montevideo - Uruguay - 4 - Diciembre - 2008
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